Daños y perjuicios: Cuándo y cómo reclamar

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Daños y perjuicios: Cuándo y cómo reclamar

 

Sufrir un daño no implica recibir una indemnización de forma automática. Para que una reclamación prospere, es necesario demostrar lo que ha pasado, quién es responsable y cuáles han sido sus consecuencias.

Esta situación puede surgir por un accidente, una negligencia profesional, un incumplimiento contractual o una actuación que cause pérdidas a una persona o empresa. En todos los casos, actuar con rapidez, conservar la documentación y comunicar los hechos correctamente resulta fundamental.

A continuación, explicamos qué son los daños y perjuicios, cuándo se pueden reclamar y qué papel tiene una aseguradora en el proceso.

 

 

¿Qué es una reclamación de daños y perjuicios?

 

Una reclamación de daños y perjuicios es la petición de una compensación económica por las consecuencias negativas causadas por una persona, profesional o empresa.

Para que exista responsabilidad deben concurrir tres elementos esenciales:

  • Una conducta u omisión.

  • Daño real.
  • Relación directa entre ambos.

 

Por tanto, no basta con que se haya producido una pérdida. También debe poder acreditarse que esa pérdida deriva de la actuación del responsable.

Los daños pueden ser personales, materiales, económicos o morales. Una lesión, el deterioro de un inmueble, la pérdida de ingresos o el perjuicio causado por un error profesional son ejemplos habituales.

La indemnización debe ser correspondiente al daño sufrido. Por ello, cualquier reclamación de daños debe apoyarse en pruebas como contratos, facturas, informes médicos o periciales, fotografías o similares.

Cuanto mejor documentado esté el caso, más sencillo será analizar la responsabilidad y calcular una compensación adecuada.

 

 

Cuándo se puede presentar una reclamación

 

Se puede reclamar cuando una persona o entidad incumple una obligación o actúa de forma negligente y provoca un perjuicio demostrable.

En las relaciones contractuales, la reclamación puede surgir cuando una de las partes no cumple lo acordado. Puede ocurrir si un proveedor entrega un trabajo defectuoso, un profesional presta un servicio inadecuado o una empresa no respeta las condiciones pactadas.

También puede existir responsabilidad sin que haya un contrato previo. Es el caso de determinados accidentes, daños causados a terceros o actuaciones negligentes que afectan a personas o bienes ajenos.

En el ámbito profesional, una omisión, un error técnico o un asesoramiento incorrecto pueden generar una reclamación cuando causan una pérdida al cliente. Sin embargo, un resultado desfavorable no implica por sí solo que exista responsabilidad. Debe demostrarse que hubo un incumplimiento o una falta de diligencia, y que esa actuación provocó el daño.

 

 

Procedimiento para la reclamación de daños y perjuicios

 

El primer paso es conservar toda la información relacionada con los hechos. Correos electrónicos, contratos, fotografías, informes, facturas y comunicaciones pueden ser decisivos para acreditar lo ocurrido.

Después debe identificarse al posible responsable y analizar el origen del daño. No es lo mismo reclamar por el incumplimiento de un contrato que por una actuación negligente sin relación contractual previa. Esta diferencia puede afectar al plazo, al procedimiento y a la forma de plantear la reclamación.

También es necesario cuantificar el perjuicio. La cantidad solicitada debe estar justificada y guardar relación con la pérdida real. Cuando existen daños técnicos, personales o económicos complejos, puede ser necesario contar con un perito o un especialista.

Una vez recopilada la documentación, la reclamación debe dirigirse por escrito al responsable. La comunicación debe explicar los hechos de forma clara, identificar el perjuicio y concretar la compensación solicitada.

En muchos casos, esta primera reclamación permite iniciar una negociación y evitar un procedimiento judicial. Cuando el responsable dispone de un seguro de Responsabilidad Civil, debe informar a su aseguradora cuanto antes para que pueda revisar la cobertura y gestionar el caso.

 

 

Plazos para reclamar

 

Los plazos son uno de los aspectos más importantes de cualquier reclamación. Una vez transcurrido el periodo legal, el derecho a exigir una indemnización puede prescribir.

La prescripción de una reclamación por daños y perjuicios depende del tipo de responsabilidad. Por regla general, las acciones por responsabilidad extracontractual tienen un plazo más breve que las derivadas de un contrato.

Además, el inicio del plazo no siempre coincide con la fecha del hecho. En lesiones, daños continuados o perjuicios que se descubren a posteriori, puede empezar cuando el afectado conoce el alcance real del daño.

También se deben diferenciar estos plazos de los correspondientes a una reclamación al seguro, que dependerán de la naturaleza de la póliza y de las condiciones aplicables. Por este motivo, no conviene retrasar la reclamación.

 

¿A quién se debe reclamar?

 

La reclamación debe dirigirse contra la persona o entidad que haya causado el daño. Puede tratarse de un particular, un profesional, una empresa, un proveedor o una Administración.

En algunos casos puede haber varios responsables. También es posible que una empresa deba responder por la actuación de uno de sus empleados o que un profesional disponga de un seguro que cubra su responsabilidad frente a terceros.

Cuando existe una póliza de Responsabilidad Civil, la aseguradora puede intervenir en la gestión de la reclamación. No obstante, la existencia de un seguro no significa que cualquier daño esté cubierto. Será necesario comprobar las condiciones de la póliza, los límites contratados, las exclusiones y la fecha del siniestro.

 

 

El papel de la aseguradora en una reclamación por daños y perjuicios

 

La aseguradora tiene una función clave cuando un asegurado recibe una reclamación. Su intervención permite analizar los hechos, valorar los daños y coordinar la estrategia de respuesta.

También puede participar en la negociación con el perjudicado, solicitar informes periciales y organizar la defensa jurídica cuando sea necesario.

Para que esta gestión sea eficaz, el asegurado debe comunicar la reclamación con rapidez y facilitar toda la documentación disponible. Reconocer una responsabilidad, alcanzar acuerdos o realizar pagos sin consultar antes con la aseguradora puede dificultar la gestión posterior. e invalidar la póliza.

Además, una aseguradora puede encargarse de gestionar la reclamación de un perjudicado, siempre y cuando su póliza incluya las coberturas correspondientes.

 

En Berkley España abordamos cada reclamación desde una perspectiva técnica, jurídica y especializada. Nuestro objetivo es acompañar al asegurado desde la primera comunicación, analizar cada caso de forma individual y ofrecer una respuesta adecuada a las características de su actividad profesional.

 

 

 

 

Revisado por:

Ignaciio Megía

Ignacio Megía

Director deL Departamento de Siniestros y Asesoría Jurídica - Berkley España

Ignacio Megia, con más de 38 años de experiencia en el Sector Asegurador, ha desarrollado su carrera profesional ocupando posiciones de liderazgo en diferentes ámbitos relacionados con el Derecho de Seguros y la Gestión de Siniestros. Tras su paso por diferentes aseguradoras de primer nivel, actualmente es miembro del Comité Ejecutivo de Dirección y Director del Departamento de Siniestros y Asesoría Jurídica de W.R. Berkley España (Chief Claims & Legal Advice Officer).

 

 

 

 

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