Ciberataques y directivos: ¿Pueden demandarme aunque la empresa tenga seguro?

Ciberataques y directivos: ¿Pueden demandarme aunque la empresa tenga seguro?
Durante mucho tiempo, la ciberseguridad se entendió como una cuestión puramente técnica, un asunto de sistemas, contraseñas, servidores y software. Sin embargo, cuando una empresa sufre un incidente digital grave, hoy la conversación no tarda en cambiar de plano. No basta con averiguar cómo entraron los atacantes o qué datos se vieron comprometidos. También importa saber si la organización estaba preparada, quién supervisaba ese riesgo y si la toma de decisiones fue correcta.
Justo aquí surge una preocupación entre administradores y altos cargos. Si la empresa tiene contratado un seguro contra ciberrriesgos, ¿queda también protegido el directivo? ¿O puede recibir una reclamación personal aunque la póliza responda por los daños sufridos por la compañía?
En pocas palabras que la empresa tenga seguro no impide, por sí solo, que un directivo pueda ser reclamado. Por eso, cuando hablamos de ciberataques y directivos, no hablamos solo de tecnología, sino de responsabilidad, diligencia y protección.
Los directivos, nuevo objetivo de los ciberdelincuentes
Los ciberdelincuentes han perfeccionado su forma de actuar. Ya no buscan solo fallos en la infraestructura tecnológica, sino a personas concretas con capacidad de decisión, acceso a información sensible o autoridad para mover fondos, validar operaciones y ejecutar procesos.
En ese contexto, los directivos se han convertido en un objetivo prioritario. Un consejero delegado, un director financiero o un administrador pueden ser la vía más rápida para efectuar un ataque. Muchas veces, el ciberdelito no empieza con una intrusión, sino con una suplantación de identidad creíble o una instrucción urgente que parece legítima.
Esta realidad ha cambiado la forma de valorar el riesgo. Cuando se produce un ciberataque, no solo se revisan los sistemas afectados. También se analiza si había procesos adecuados de validación, si la dirección estaba concienciada y si la organización había asumido que la ciberseguridad forma parte de la gestión empresarial. El foco sobre el directivo no responde solo a lo que ocurrió durante el incidente, sino también a lo que se hizo antes para evitarlo.
Responsabilidad corporativa de ciberataques y directivos
Para entender bien el problema conviene separar dos cuestiones distintas. La primera es el daño que sufre la empresa como consecuencia de un ciberataque. La segunda es la posible responsabilidad de sus administradores o directivos si se considera que no actuaron con diligencia en la prevención o supervisión de ese riesgo.
Esta diferencia es fundamental. Una póliza cyber puede ayudar a la empresa a gestionar las consecuencias económicas y operativas de un incidente. Pero una cosa es que el seguro responda frente a determinados daños y otra distinta que desaparezca cualquier posible reclamación personal contra quienes dirigían la sociedad.
En la práctica, cuando el incidente es grave, se puede examinar si existían controles razonables, si se conocía el riesgo y si la dirección mantenía una supervisión real. La ciberseguridad ha dejado de ser una materia periférica. Hoy forma parte del gobierno corporativo. Y eso significa que el directivo no tiene por qué ser un técnico, pero sí tiene que asegurarse de que la organización toma este riesgo en serio.
¿Qué medidas puede tomar un directivo para evitar responsabilidad por ciberataques?
La mejor forma de reducir la exposición personal no es confiar en que nunca ocurra nada, sino demostrar que el riesgo se gobierna de forma adecuada. En este ámbito, la diligencia importa tanto como la capacidad de respuesta.
Un directivo prudente no trata la ciberseguridad como una materia aislada del negocio. La integra en la toma de decisiones, la conecta con la continuidad operativa, con el cumplimiento normativo y con la reputación de la empresa. Eso implica pedir información comprensible, revisar la exposición de forma periódica, promover controles internos y asegurarse de que hay procedimientos claros para reaccionar ante un incidente.
También es fundamental que la organización no dependa solo de herramientas tecnológicas. Un ciberataque puede aprovechar debilidades humanas, errores de proceso o fallos de coordinación entre áreas. Por eso la prevención exige cultura interna, formación, protocolos y una visión transversal del riesgo.
Otro elemento decisivo es la trazabilidad de las decisiones. Cuando se revisa la actuación del órgano de administración, poder acreditar que se analizó el riesgo, se tomaron medidas y que hubo supervisión efectiva tiene un enorme valor. No se trata de convertir la gestión en un ejercicio formalista, sino de poder demostrar que la dirección actuó con criterio y no desde la improvisación.
¿Hay límite de responsabilidad para directivos en caso de un fallo de ciberseguridad?
En realidad no existe un límite automático que permita afirmar que, ante un fallo de ciberseguridad, la responsabilidad del directivo queda acotada de una determinada manera. Lo que se valora es la conducta. No responde igual quien ha impulsado controles, revisado procedimientos y reforzado la capacidad de respuesta que quien ha ignorado advertencias o ha mantenido una postura pasiva frente a un riesgo evidente.
Por eso, más que hablar de un límite abstracto, conviene hablar de nivel de exposición. Ese nivel dependerá del alcance del incidente, del daño causado y de la diligencia desplegada por quienes la dirigen. En determinados escenarios, esa exposición puede afectar al patrimonio personal si prospera una reclamación y no existe una cobertura adecuada para protegerlo.
¿Puede un seguro cyber cubrir daños de los directivos?
El seguro puede contribuir a gestionar parte de las consecuencias de un ciberataque, pero no se debe interpretar como una protección integral del directivo en cualquier escenario.
El seguro cyber surge para ayudar a la empresa a afrontar el impacto del incidente. Según la póliza, puede contemplar gastos de respuesta, recuperación, interrupción de actividad, responsabilidad frente a terceros o apoyo especializado en la gestión de la crisis. Es una herramienta esencial dentro de la estrategia de protección de la compañía.
Ahora bien, cuando lo que entra en juego es una reclamación personal contra administradores o altos cargos por una supuesta falta de diligencia en el ejercicio de su función, el análisis ya no se mueve solo en el terreno del seguro cyber. En estos casos, cobra especial relevancia la protección específica del patrimonio personal de los directivos.
Ese es el matiz que muchas empresas pasan por alto. Un mismo ciberataque puede generar daños para la organización y, al mismo tiempo, abrir una reclamación contra quienes la dirigían. Por eso no basta con preguntar si existe una póliza. La cuestión importante es si el programa asegurador está pensado para responder a los distintos planos del riesgo.
En otras palabras, una empresa puede estar razonablemente protegida frente a un ciberataque y, aun así, dejar expuesto a su equipo directivo si no ha contemplado esa dimensión de responsabilidad.
Revisado por:
Ángel MachoHead of Strategy & Innovation – Europe Ángel Macho está licenciado en Economía y Actuariales, con un Máster en Habilidades Directivas, y cuenta con más de 25 años de experiencia en el sector en diferentes puestos: desde auditoría, consultoría y marketing, hasta Dirección de Negocio en Berkley España y Portugal. Actualmente lidera la Dirección Europea de Estrategia e Innovación de Berkley Europe. |
